|
Cuando tú vas yo vengo de allí, cuando yo voy tú todavía estás aquí
Y venga caminar en mitad del desierto. Gus Van Sant tal vez no sea un maestro contando historias, pero tiene una cosa buena: no sabes que te está contando una historia hasta que llegas al final. Es justamente lo que ocurre con Gerry. Pensé que sería una tediosa analogía entre amistad y desierto, pero no. Gerry es un verdadero ejercicio de improvisación para recrear un trágico suceso, y con el sello de Van Sant. Porque, veamos, ¿a cuantos directores, a parte de Van Sant, se les ocurriría hacer un plano de 8 minutos de dos chicos caminando? ¿Y de dos chicos charlando? No sé, pero no muchos.
Pero vaya, hay que darle por lo menos una palmadita en la espalda a Van Sant: hay muchísimas más películas que tienen muchísimos más planos y que son más aburridas que Gerry. Como ya se ha dicho por aquí, ver Gerry es querer contemplar aquello que el director nos está mostrando; esa es la razón por la que no sabes que te está contando una historia. Gerry es, ante todo, el Gus Van Sant madurado que todos hemos visto en Elephant y en Last Days. De modo que si queréis un consejo de un don nadie, mirad primero las dos partes siguientes, para que sepáis a lo que os estáis enfrentando.
Pasa, pero solo porque la he visto una vez.
Wildbill 
|