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Buena historia, grandes actores
Pero tiene muchos desajustes de realización, de montaje, deja cabos sueltos y no acaba de rematar los logros conseguidos; a tal punto que el actor Celso Bugallo aparece en los créditos a pesar de haber quedado fuera de la película, y eso que se habla varias veces de su personaje.
Sin embargo, el material es rico, muy interesante, tiene mucho valor social y psicológico el planteamiento de la decadencia ideológica y moral de un grupo de amigos unidos por azar, por una convivencia superficial ya que nada profundo los une, excepto el alcohol, germen de las situaciones más ricas de la película.
Me sorprende gratamente que Luppi debute como director con un tema muy típico del cine argentino, pero con un guión ajeno a los vicios del cine de su país, tantas veces sobrecargado de mensajes, de textos mal llamados literarios... Aquí el guión funciona bien y mejor aún los diálogos. Pero donde más destaca es en la excelente dirección de actores. Ana Fernández y Susana Hornos, formidables: qué dominio de la interiorización de sus personajes, qué vibrante emoción en lo que no se dice, en las angustias interiores.
García Millán está espléndido; le ha tocado el mejor y más peligroso personaje, el único con posibilidades de exteriorización fuerte, con alto riesgo de sobreactuación, y está perfecto en todas las características que le tocan: fumador y bebedor compulsivo, hombre bueno de enorme ternura, pobre tipo sumiso ante las humillaciones del jefe y hombre bestial, incapaz de controlar su agresividad sobre los más débiles: todo en uno, admirable. Es una pena que semejante trabajo, tanto en el texto como en el actor, ponga en evidencia las fuertes limitaciones del demás integrantes del espectáculo coral, como por ejemplo Alberto Jiménez, estupendo como siempre pero con un personaje muy estático, y en cambio, Jordi Dauder borda el suyo, mucho más breve, pero con gran condensación dramática.
Eva Cobo se desenvuelve muy bien. Lo peor es el papel que le ha tocado a Fabián Vena, demasiado plano, sin claroscuros: un malo malísimo que no encaja con la sobriedad del resto.
Pero, bueno, al margen de análisis puntillosos, hay que verla, lo merece, le pegaron mucho cuando se estrenó y pasó con más pena que gloria, tiene un alto nivel de dignidad profesional y además se nota amor, dedicación en todo el grupo; transmiten una conmovedora sensación de entrega propia de la gente de teatro.
horacio 
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