Add friend
You can add a friend by entering his or her username
You can also add friends or favorite users from their profile or their reviews.
Group name
Create new group
Create new group
Edit group information
Note
Note
Note
Note
The following users:
Group actions
- Movie recommendations
- Stats
- Ratings by category
- Contact
-
Share his/her profile
Biopunk rating:
8

Biopunk rating:
8
7.2
4,221
May 4, 2024
May 4, 2024
1 of 1 users found this review helpful
Quien se ponga a ver esta película con la vaga idea de desconectar de la realidad, se va a llevar una somanta de palos que lo van a devolver de golpe al desesperanzador cuadrilátero de la vida.
John Huston, admirador del pugilismo y boxeador amateur en su juventud, utiliza el deporte de los puños como metáfora de lo que más le gusta retratar: el fracaso. Personajes que malviven en un presente congelado, recibiendo los golpes de la vida día sí y día también, recordando un pasado que parecía mejor pero que siempre fue igual de miserable, mirando hacia un futuro de promesas ahogadas en las copas de la barra del bar.
El cuadro que pinta Huston es cruel, deprimente, desgarrador. Es una historia de solitarios, desangrados lentamente por el paso del tiempo. La iluminación es fundamentalmente artificial: las farolas, el bar, la casa que se cae a pedazos… Los únicos momentos en que la luz del sol toca el rostro de los desgraciados es cuando deben hacer trabajos de mierda para subsistir, otro día más, en la ciudad donde el tiempo pasa mirando con desprecio. Hay diálogos, pero no comunicación. Demasiado es el sufrimiento interior de cada uno como para alimentarlo con el ajeno.
En la desolación se mueve un Stacy Keach cuyas miradas al infinito perforan la oscuridad del alma. A su lado Susan Tyrrell, quebrada en su interior, buscando un hombre que le haga (mala) compañía. Jeff Bridges simboliza el inicio, la incierta juventud donde todo empezó.
El tiempo se para, en una crisis de ausencia, para reflexionar, o no. ¿Por qué sigo peleando? ¿Fui joven alguna vez? ¿Soy feliz? No es el tiempo el que se ha parado, soy yo.
John Huston, admirador del pugilismo y boxeador amateur en su juventud, utiliza el deporte de los puños como metáfora de lo que más le gusta retratar: el fracaso. Personajes que malviven en un presente congelado, recibiendo los golpes de la vida día sí y día también, recordando un pasado que parecía mejor pero que siempre fue igual de miserable, mirando hacia un futuro de promesas ahogadas en las copas de la barra del bar.
El cuadro que pinta Huston es cruel, deprimente, desgarrador. Es una historia de solitarios, desangrados lentamente por el paso del tiempo. La iluminación es fundamentalmente artificial: las farolas, el bar, la casa que se cae a pedazos… Los únicos momentos en que la luz del sol toca el rostro de los desgraciados es cuando deben hacer trabajos de mierda para subsistir, otro día más, en la ciudad donde el tiempo pasa mirando con desprecio. Hay diálogos, pero no comunicación. Demasiado es el sufrimiento interior de cada uno como para alimentarlo con el ajeno.
En la desolación se mueve un Stacy Keach cuyas miradas al infinito perforan la oscuridad del alma. A su lado Susan Tyrrell, quebrada en su interior, buscando un hombre que le haga (mala) compañía. Jeff Bridges simboliza el inicio, la incierta juventud donde todo empezó.
El tiempo se para, en una crisis de ausencia, para reflexionar, o no. ¿Por qué sigo peleando? ¿Fui joven alguna vez? ¿Soy feliz? No es el tiempo el que se ha parado, soy yo.